Ya hace tiempo que no hablo de viajes. De los míos. De los que hice hace años, sobre el agua o bajo ella.Aunque sería más apropiado decir sobre la mar o bajo ella. Pero a lo que iba.
Y si no lo he hecho, ha sido sobre todo, por pereza. Porque podría llenar hojas enteras de recuerdos. Y de imbéciles, que siempre te encuentras con alguno.
Como ése, que entrando por la puerta del Arsenal Militar de Cartagena, me lanzó a los leones porque no había visto como pasaba la bandera doblada, detras de un árbol. Hay que joderse. El fulano debía creer que yo tengo visión de rayos láser, como Supermán, para poder verlo. Y es que a algunos, el uniforme les cuadra lo mismo que a una imagen de San Isidro un AK-47.
Y luego dicen de que parezco de los antiguos. Pues ése debía ser de los idiotas.
Y todavía quería arrestarme, así, por las buenas.
Menos mal que, el suboficial era de los normales, y le recordó el hecho de que, si una cosa no se ve, no se puede actuar de otra forma. Si yo no veo que viene un camión, no me apartaré. Si no veo que viene la bandera de España, por mucho respeto que le tenga- se lo tengo-, no me cuadraré.
Pero eso, el imbécil de la puerta no lo sabía. Debió perderse ese capítulo de Barrio Sésamo.
jueves, 8 de abril de 2010
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