Por las noches pierdo mi vida de buen señor y es entonces cuando voy tras las huellas de un futuro que parece ir caminando hacia alguna parte. La vida sigue un rumbo desconocido a esas horas, el cual determina cuán desdichados somos los seres humanos que nos hacemos incógnitas con difícil respuesta en mitad de una oscuridad que casi todo lo cubre.
Las personas somos fáciles presas para la existencia. Ella nos domina y nos mueve de aquí para allá a su antojo, en el instante en el que nada resulta ser aquello que ciertamente hemos deseado, con una fuerza insospechada. Nos agita con la furia más terrible que hayamos podido imaginar y terminamos, finalmente, aceptando que no hay respuestas para todo, aún menos si los que cuestionamos somos pobres diablos que no terminamos de entender el rompecabezas que supone ser la vida.
Imagino una llama a la que aproximo un cigarro. Candente, tiene la capacidad de ir, poco a poco, consumiendo ese cuerpo de papel. A veces creo que somos parecidos a ese cigarro, y la llama es muy similar al invisible mecanismo que nos mantiene despiertos, o sea, es como la vida misma.
Un engranaje con piezas infinitesimalmente pequeñas e inapreciables, eso es, por complicado que sea de asimilar, la vida; y este pobre diablo, quien en realidad no parece diablo ni pobre, se pregunta, un día tras otro, hacia dónde ha de dirigirse para hallar el camino adecuado para continuar su existencia.
Las noches son, en ciertas ocasiones, alfileres que se clavan en el alma para que caigamos en la inevitable cuenta de que las piezas existenciales no encajan de una manera lógica, como hayamos imaginado alguna vez.
Imagino una llama a la que aproximo un cigarro. Candente, tiene la capacidad de ir, poco a poco, consumiendo ese cuerpo de papel. A veces creo que somos parecidos a ese cigarro, y la llama es muy similar al invisible mecanismo que nos mantiene despiertos, o sea, es como la vida misma.
Un engranaje con piezas infinitesimalmente pequeñas e inapreciables, eso es, por complicado que sea de asimilar, la vida; y este pobre diablo, quien en realidad no parece diablo ni pobre, se pregunta, un día tras otro, hacia dónde ha de dirigirse para hallar el camino adecuado para continuar su existencia.
Las noches son, en ciertas ocasiones, alfileres que se clavan en el alma para que caigamos en la inevitable cuenta de que las piezas existenciales no encajan de una manera lógica, como hayamos imaginado alguna vez.

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