miércoles, 10 de febrero de 2010

Odio los lunes

Pues sí, odio los lunes. Para empezar, porque odio ponerme corbata. Cuando Dios me decidió poner en este mundo, me hizo, además de con otros defectos, con la piel demasiado sensible; así que afeitarme todos los días es algo que no puedo hacer, salvo que quiera que unas erupciones muy molestas me nazcan en la zona derecha del cuello. Y no está demasiado bien visto ir con barba y corbata.Además, ésta me suele apretar, y para cuando llega la hora de las tapitas, ya estoy de ella hasta los mismos. O más allá.Pero además odio los lunes porque el maldito despertador -o en su defecto, mi madre- no tienen reparo en sacarme del mejor de los sueños, sólo para encontrarme en el trabajo con un hatajo de miembros y miembras de la cofradía del puño cerrado, que sólo desean coberturas y más coberturas por cuatro perras.

Y así no hay manera. Porque sí, trabajo en los seguros. En ése tan precioso mundo de las garantías y los condicionados generales que suelen ser lo primero que pierden los clientes cuando firman una póliza.

Otro de los motivos que tengo para odiar los lunes, es que por norma general, mi equipo de fútbol, el día anterior ha hecho el ridículo dos de cada tres veces, y cuatro sobre una si el partido fué contra el Madrid. Como si lo hicieran a propósito para que, los madridistas, que suelen ser mayoría entre mis amistades, el jodido lunes me den estopa hasta en el DNI. Patético, el Atlético.

Pero otro de los motivos -el principal, diría yo- es que el lunes, de los dos millones de coches que circulan por Madrid a las ocho, al menos un millón y medio están donde yo; paradod como pasmarotes ante los semáforos como si fueran top- models, pero con la cara de sueño, y subsidiariamente, mala leche, que es de suponer.Y eso es justamente lo que me pasaba. Con la agravante que al regidor del consistorio le había dado -debe ir parejo con el cargo- la fiebre constructiva; cuando no era la Gran Via la que estaba de obras, era una de las zonas aledañas del Calderón; cuando no, estaban reparando las vetustas lineas de metro, por lo que sus usuarios habituales iban en coche al trabajo. Es decir, más pasmarotes ante los semáforos.Afortunadamente mi trabajo, aunque mal pagado, no me exige una hora cierta de entrada; así que me da tiempo a tomar un café frente a casa, antes de coger mi viejo Seat.Y renqueantes, avanzamos por entre el tráfico, dispuestos a otro perro día de trabajo.

Otro maldito y jodido lunes.Mientras intento aparcar sin joderme los faros traseros ni añadir un nuevo golpe a los mil novecientos treinta y tres bollos que ya tiene, el destino, inmisericorde, vuelve a ponerme en un brete. Porque ante mi, como una visión fujaz de lo que no tuve, pasa una joven. Decir una joven, no es baladí. No soy un viejo - apenas friso la treintena-, pero tampoco soy un asaltacunas terrorista.Dicho esto, añadiré que en realidad no la ví; la noté cuando un golpe seco se produjo en la popa de mi coche.Cuando ya me iba a ciscar de nuevo en toda mi generación, una cabeza rubia surgió como por ensalmo en mi ventanilla y, medio en broma medio en serio, me dijo:


-Ten cuidado. Casi me pillas.No me espetó el chorreo que yo esperaba de dónde me saqué el carnet, ni me dijo eso de " casi me manchas el vestido", que me hbiera empujado a atropellarla, pero esta vez con premeditación. No.Simplemente, casi me pillas.
Y era guapa. Vaya que sí. Debía tener algo más -pero no mucho más- de veinte años. Iba informal pero arreglada. Y sentí que, o decia algo, - lo que fuera- o me iba a llamar cipote por los restos.
- Lo siento. No te ví. Apareciste por atrás...Sonrió. Se pasó la mano por el pelo, rubio.
-Y si me hubieras visto, te hubieras empotrado con la marquesina. Y eso, sería imperdonable en quien vende seguros.
Alto ahí. Yo no le dije a la niña en qué trabajaba, ni por más que lo intentaba, la recordaba del trabajo, entre otras cosas porque alguien como ella se recordaría, aunque fuera para sueños poco honestos.
-¿Cómo....-... ¿Te conozco? Paso todos los días por aquí, y tú siempre aparcas aquí. Además, tu coche es de los que se reconocen.
Obvié la critica a mi viejo y leal coche. Me tiré de la moto, en marcha.
-¿Cómo te llamas?
-Jajajja. Vas muy rápido. De momento, agradece que no haya ido a la Policía por daños. Mi nombre lo sabrás cuando toque.
Me quedé de piedra. ¿A qué jugaba esta niña? ¿delito de daños, si ni siquiera la habia tocado?( ¡qué más hbiera querido!).
Decidí dejarlo correr. Si esto eran sus normas, pues con ésas jugaríamos. Y que Dios, o el diablo, repartieran los naipes. Aunque, conociéndome, los míos erran, de fijo, los peores de la mano.

viernes, 5 de febrero de 2010

D´Artagnan y sus amigos

A Juan Díaz Sánchez


Este escrito quiere ser una dedicatoria. A mi viejo amigo, periodista él, Jaun Díaz Sánchez.
¿Cuánto tiempo hace, que no has caido en la tentación de volver a ver las intros de ls series de nuestra infancia? Sí, esas que veíamos en mi casa, que eran la tuya desde que entraste un día, lloroso y rubio, porque no salíamos...
La misma en la que cenabas los viernes, una pizza y dos coca-colas... Acuérdate, luego nos íbamos al jardín a ver a las chicas, a jugar a ser los mosqueperros, a idealizar Bola de Dragón...
Recuerda... luego vinieron los años. Las derrotas. Las peleas. Las faldas. Pero ni eso nos separó. Cuando llegaron mal dadas, cuando todo se iba al garete, ¿qué había?
Nos teníamos los unos a los otros.Éste es mi homenaje. A veinte años de lealtad. Va por tí, compañero del verso eterno.

Desde mi destierro de mis estados, de La Torre de Juan Abad; alejado de la Corte de las Españas, en el año de Gracia de Nuestro Señor de 2010.

Fco. de Quevedo y Villegas.

lunes, 1 de febrero de 2010

A buenas horas....

Don Felipe II debe estar riéndose de lo lindo. Después de todo lo que ha llovido, los ingleses, ellos sólos, deciden en un amplio número, hacerse católicos.
Por supuesto, bienvenidos. Nunca debieron dejar de serlo. Pero daros cuenta ahora parece algo tarde, aunque mejor tarde que nunca. Más vale raccionar antes que perseverar en el error de la herejía.
Ahora, los que tenemos que volver a nosotros mismos, somos los españoles. Pero tiempo al tiempo, todo camino llega a su fin. Y nosotros también.
Ahora, por aquello de la justicia histórica, los ingleses debían de borrar la Leyenda Negra, y reconocer que en ella, más metieron dentro a la mentira que a la verdad, por más que algunos hechos de áquel viejo reinado, sean todavía oscuros o poco comprensibles.
Espero que otros gobernantes, menos tercos que los de Albión, recapaciten, porque muchos gobiernos así y no habrá terreno sobre el que volver a ser lo que éramos...

miércoles, 27 de enero de 2010

Pon arriba

Joven doloroso, joven triste
que sufres como yo el mal de España
y una negación honda en tu entraña

tienes clavada contra lo que existe
tu virgen corazón vibra de saña
de Santa Saña porque no tuviste
lo que pidió tu amor cuando naciste
de la patria, una idea y una hazaña

la general inercia fue el veneno
que atosigó tu juventud demente
y de asco y de dolor notes el lleno
mas el futuro es nuestro y esa gente

que hizo nuestra desgracia se va al cieno
hermano aquí va un ósculo en la frente

Pon arriba tus ojos, siempre arriba
Pon arriba tus ojos, siempre arriba
Pon arriba tus ojos, siempre arriba
Pon arriba tus ojos, siempre arriba

A ti fiel camarada que padeces
el cerco del olvido atormentado
a ti que gimes sin morir

al lado aquella voz segura de otras veces
te envío mi dolor si desfalleces
al acoso de todos y cansado
destrozan como un verso malogrado
bebamos juntos de las mismas heces

En tu propio solar quedaste fuera
del orbe de tus sueños se hacen criba

pero allá donde estés cree y espera

el cielo es limpio y sus bordes liba
claros vinos del alba primavera
pon arriba tus ojos siempre arriba

miércoles, 6 de enero de 2010

Pensamientos en la noche

Por las noches pierdo mi vida de buen señor y es entonces cuando voy tras las huellas de un futuro que parece ir caminando hacia alguna parte. La vida sigue un rumbo desconocido a esas horas, el cual determina cuán desdichados somos los seres humanos que nos hacemos incógnitas con difícil respuesta en mitad de una oscuridad que casi todo lo cubre.

Las personas somos fáciles presas para la existencia. Ella nos domina y nos mueve de aquí para allá a su antojo, en el instante en el que nada resulta ser aquello que ciertamente hemos deseado, con una fuerza insospechada. Nos agita con la furia más terrible que hayamos podido imaginar y terminamos, finalmente, aceptando que no hay respuestas para todo, aún menos si los que cuestionamos somos pobres diablos que no terminamos de entender el rompecabezas que supone ser la vida.

Imagino una llama a la que aproximo un cigarro. Candente, tiene la capacidad de ir, poco a poco, consumiendo ese cuerpo de papel. A veces creo que somos parecidos a ese cigarro, y la llama es muy similar al invisible mecanismo que nos mantiene despiertos, o sea, es como la vida misma.

Un engranaje con piezas infinitesimalmente pequeñas e inapreciables, eso es, por complicado que sea de asimilar, la vida; y este pobre diablo, quien en realidad no parece diablo ni pobre, se pregunta, un día tras otro, hacia dónde ha de dirigirse para hallar el camino adecuado para continuar su existencia.

Las noches son, en ciertas ocasiones, alfileres que se clavan en el alma para que caigamos en la inevitable cuenta de que las piezas existenciales no encajan de una manera lógica, como hayamos imaginado alguna vez.

martes, 5 de enero de 2010

Levantarse sudista ( o no)

Esta mañana me levanté un poco sudista. Sí, de los del Sur, los que lucharon contra Lincoln en la Guerra Civil de América del Norte.
Y no tenía ningún motivo, aparte del de la música que tenia puesta de fondo. El título dice algo así como "God save the South". Que, salvadas las distancias, no deja de recordarme al himno británico, aunque la canción en sí parece una mezcla entre himno militar y canción irlandesa de taberna.
Si no fuera por lo que el Sur llevaba tras de sí, poco hubiera costado apoyarle. Pero no olvidemos, que en el fondo, el Sur, con el mantenimiento de la "Institución" causaba vergüenza sobre todo el género humano; no se puede mantener trescientos o más años a tus hermanos esclavos sin que tú mismo no seas otro, pero de ti mismo.
Y menos mal que dije que me había levantado sudista. Que si llego a levantarme norteño, no sé qué hubiera dicho.
Y es que a veces la historia tiene estas cosas.Hechos que pasaron hace un porrón de años tienen la virtud de preguntarnos hacia dónde vamos. Ahora que en Whasington hay una administración demócrata, quizás sea llegada la hora de que el Sr. Obama empiece a ser leal con los suyos; cuando el reverendo King decía tener un sueño, no debía ser el de un estado de hombres gobernados por los Panteras Negras; sería más bien algo más cercano a lo que hay, pero sabiendo que no se combate el mal sólo con discursos en el Lincoln Memorial; el mal no es sólo el saudí que pretende reventar un avión; el mal es, sobre todo, que la gente vea una persona de color distinto al suyo propio y todavía sea capaz de inventar Dios sabe qué cosas. Cosas que por cierto, a buen seguro, no pensaría de su abuelo. ése es el mal. Lo otro son añadiduras. Y para combatirlo, sólo hace falta una cosa. Bueno dos: voluntad y dinero. Lo uno, para querer; lo otro para disponer de los medios adecuados. Y ambas para que los carteles que decían "Motel for colored" no sean sino las pesadillas de todo hombre civilizado.

lunes, 28 de diciembre de 2009

El duelo

Había hecho cosas que no le enorgullecían. Hubiera preferido no hacerlas. Pero alguien debió hacerlo. Y le tocó a él.Porque aceptó aquel trabajo, en ése frío y sucio callejón oscuro de Madrid, mientras podría estar en la Ribera del Manazanares, viendo perder a su equipo, eso él no lo sabía.Sería porque un amigo, viejo desde los tiempos del común servicio al Rey Católico en su Armada, se lo había pedido.Habría dinero, le dijo. Lo suficiente para pagar un hotel decente durante unos días, comprar tabaco y pagarse unos pocos vicios en la Taberna La Aldea.

Estaba en un callejón oscuro, vigilando, sin moverse, el vano de de una puerta por la que iba a salir, aquel cuya cabeza querían. O cuyas cenizas, por ser exactos. Porque él no mataba al típico soplagaitas que le debe a otro trescientos euros. Mataba a los chupasangres, y bien que lo merecían.Éste saldría ebrio de sangre y de sexo, y sería fácil, se dijo, acabar con él antes que se diera cuenta. Un golpe seco por donde fuera y si te vi, no me acuerdo. Más valía madrugarlo a él antes que empezara a mover sus colmillos, que de fijo no iban a ser de pega.



No tenia maldita prisa en convertirse en uno de ellos. Al menos, si podía elegir.Al fin, tras la puerta que vigilaba, se hizo la luz, y debió entornar los ojos para no ser deslumbrado. Intentó no moverse, pues el otro se daría cuenta. No quería enfrentarse él sólo a tres o cuatro chupasangres sin más armas que una pequeña daga. De hecho, enfrentarse a uno con tales armas, era un suicidio, pero era lo que había.Salió pues el fulano, y fue bajando calle abajo, mientras tarareaba una vieja tonada italiana.A trescientos metros de su posición, se hallaba una pareja joven, besándose.El chupasangre se fijó en ellos, y se acercó con las intenciones del turco. Pero no llegó a hablar.Kurt, que así se llamaba el que nos ocupa, se fue hacia él con la daga en la derecha, y largándole un golpe, hizo al otro perder el equilibrio y la sorpresa.

La pareja, que había asistido atónita a una escena más propia de Dumas, huyó sin que ni la urbanidad ni la decencia les hicieran dar las gracias. El chupasangre, visto que ya no cenaría lo que el quería, mostró todo su real aspecto. Estaba claro como el día que lo que no iban a sobrar ahí, eran golpes. Y que Kurt, se iba a llevar unos cuantos.

No era feo el cabrón. Ni malo. Seguro que muchas ingenuas habían caído entre sus dientes. ¿Cuántas a lo largo de los siglos? ¿Veinte, treinta? Mejor ni saberlo.Y menos cuando va tu piel en la empresa, porque el bastardo ya se venia raudo hacia Kurt, con la intención de atontarlo de un golpe, pero pudo esquivarlo en el último momento, largándole a s vez otro golpe de filo que dejó una linda marca en el pecho del vampiro. El otro, viendose herido dos veces, reculó, y antes de ir atras, le mandó a Kurt un manotazo que le golpeo en el brazo en que sostenía la daga, haciendo que ésta cayera al suelo.

Al verlo desarmado, el vampiro se lanzó a fondo contra él, pero Kurt, adivinándolo, se hizo a un lado, y de la bota, sacó un pequeñísimo cuchillo, que sólo debió poner ante el vampiro, pues éste, con su impulso, se pasó de parte a parte, produciendo una explosión como de papel medio chamuscado, y un olor a carne quemada y a acero inundó la calle.Kurt recogió su daga, comprobó que podía mover la mano, y luego, cogiendo un pequeño recipiente, metió en él, parte de la ceniza del otro.Luego, calándose de nuevo su ropa, se marchó él mismo, yéndose a cobrar su recompensa.